Muchos de nosotros luchamos por el éxito, por el mérito, por la fama,
por la riqueza, por la gloria y por decenas de otras razones, pero no puedes
construir un buen nombre de la noche a la mañana. Es necesario trabajar por ese
nombre y duro. Incluso, si hay tropiezos y caídas es necesario superar esos obstáculos.
Habrá momentos de calma y momentos de turbulencia y justo en esos momentos nos
daremos cuenta que la vida es también prepararse para situaciones difíciles.
La vida es una sucesión de batallas donde sin motivación, perseverancia
e insistencia no llegaremos a ninguna parte. Todo guerrero conoce el pesimismo
y la inseguridad, pero no por eso abandona la batalla. Las amenazas vendrán de
todas partes, pero es necesario correr los riesgos. Debemos darnos cuenta que con
agilidad, fuerza y determinación superaremos cualquier dificultad.
Los cambios del destino nos sorprenden continuamente. Los tiempos
cambian y con ellos llegan nuevos objetivos y nuevos horizontes. ¡Debemos
luchar! pero luchar sin dejar los valores atrás, pues serán nuestro escudo
protector. Querer ser grande debe ser nuestra visión.
Las buenas intenciones no son suficientes cuando la vida nos demanda
coraje, valentía y creatividad. ¡Debemos luchar! Pero luchar sabiendo que somos
gladiadores en la arena de la vida, destinados a ser grandes.
¡Debemos luchar! Pero luchar para ser grandes.
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