Fui débil como tela de araña;
sufrí delirios de éxtasis de cultura y frenesí
de ignorancia.
Me mantuve en pie, abrazada a la llama de
un corazón impuro, y
lloré, lloré y lloré, hasta que las lágrimas
se secaron y fueron marcas indelebles que me acompañarán hasta el infinito y más
allá.
Vivo en una guerra incesante,
llena de ganas de alcanzar la libertad
de la que esta prisión territorial me priva.
Vivo maniatada,
con cadenas tan frágiles como el sonido
de una bombilla al quebrarse, tan suaves como la arena en la playa y tan fuertes como el rugido de un león.
Seré el enigma desentrañable de aquél que todo lo cree saber.
Seré un éxito más en un fracaso menos.
Seré la luz que se cuela por la puerta que me cerró la vida.
Seré todo lo que no pude ser e imaginé que sería.
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