Y llegué yo, la hija de nadie y dueña de todo,
la que nadie quiere y todos desean;
la amparada por la noche,
la ciudadana de aquel lugar en donde convergen el sol
y la luna.
Amante de la luz del a noche,
más diabla de lo que el mismo demonio espera.
Admiradora de la oscuridad del día,
y más ángel de lo que yo misma quiera.
Y llegué yo, la que ninguna patria la extraña
la amada vagabunda,
la reina de mi universo,
y esclava de esta miserable tierra.
En mi ausencia es cuando estoy más presente,
mis límites son las palabras.
No veo, no hablo, no escucho,
a fin de cuentas, veré lo que tenga que ser visto,
hablaré lo que tenga que ser hablado y escucharé lo que el silencio grita
calladamente.
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