Hoy alrededor de las 7:45 AM, rumbo a mi trabajo vi a una señora de entre unos 35 a 45 años de edad. Ella iba dando saltos en la acera, mientrás vendía casabe empaquetado en fundas plásticas. Esa señora iba prácticamente danzando, cantando y aplaudiendo por las calles, sin importarle que tenía una ponchera lo suficientemente pesada sobre la cabeza, sin importarle que el sol ya le estaba avisando que sería un día bastante caluroso, sin preocuparse por la premisa de si vendería o no lo suficiente para poder comer hoy. De inmediato me pregunté, y yo, de qué me quejo? Tengo un trabajo estable, un salario fijo más extras, estoy sentada en un carro público bastante confortable en comparación con la tarifa que estoy pagando y el largo de la trayectoria; todo eso para comenzar una jornada laboral de 8 horas en una oficina techada, con aire acondicionado y sillones acolchados. Ya sé lo que voy a almorzar al mediodía y para finales de la tarde ya tengo planes.
Con tan sólo observar mi alrededor hoy aprendí una nueva lección: hay que ser agradecido por todo lo que tenemos.
Tú que estás leyendo este texto es porque tienes acceso a un dispositivo conectado a internet y de seguro que no estás en la calle a pleno sol caribeño de la República Dominicana. Dime algo, de qué te quejas?
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