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| El sol brilla para todos |
Haber nacido en esta
o aquella nación/país es algo que, por ley natural debe suceder. En todo caso pudo
haber sido una elección de los padres, pero no, del hijo, quien,
en un momento dado, puede rechazar la nacionalidad que le dieron sus padres,
poder que es, antes que otra cosa, un derecho de todo ser humano: elegir,
conscientemente, nacionalidad o, inclusive, rechazar cualquier nacionalidad.
La nacionalidad impone límites, mientras que las culturas, si son realmente tales, ensanchan horizontes.
Lo que importa es la
cultura, espontánea, no la nacionalidad, artificial, y el problema surge
cuando, quienes detentan el poder político, y por lo tanto son capaces de
obligar al ser humano a actuar, o no actuar, de determinada manera, quieren
encerrar la cultura dentro de los límites impuestos por la nacionalidad, como
si ésta, además de origen fuera destino, como si, aparte de origen casual,
tuviera que ser destino causal.
- ¿Cuál es el origen de esa intención que, una y otra vez, se apropia del discurso político y del poder gubernamental dominicano? La creencia de que lo importante es la nacionalidad, siendo que, bien vistas las cosas, la nacionalidad es lo de menos, algo accidental, algo que nos sucedió, suceso que estuvo fuera del alcance de nuestra decisión y elección.
- ¿A cuál estamento deben aferrarse los seres humanos (niños, jóvenes y adultos) de ascendencia haitiana que a penas han escuchado nombrar la cultura haitiana y que de ésta no conocen más que lo que algunos libros (si han podido estudiar) le han contado?
- ¿Qué solución factible ofrecerán a los miles y miles de ciudadanos que se verán afectados?
- ¿Ser apátrida, sin más ni más?
Estas son unas de las tantas
preguntas que les están robando el sueño a muchos padres que desconocen el
devenir de sus hijos y descendencia.
No cabe duda que al país hay que quererlo
como se quiere al hombre infiel e ingrato, pues el sentimiento y concepto de
nacionalidad aquí (Rep. Dom.) es mezquino y carece de autocrítica.

(y), me gusta tu reflexion bien meditada y bien expuesta, es digno de un verdadero analista. Me eche a reir al leer esta parte, y me encanta mucho:" Lo que importa es la cultura, espontánea, no la nacionalidad, artificial, y el problema surge cuando, quienes detentan el poder político, y por lo tanto son capaces de obligar al ser humano a actuar, o no actuar, de determinada manera, quieren encerrar la cultura dentro de los límites impuestos por la nacionalidad, como si ésta, además de origen fuera destino, como si, aparte de origen casual, tuviera que ser destino causal."
ResponderBorrarPues nada mas, nada menos. Creo que todos nosotros tenemos la misma cultura, solo hay ramas que nos difieren. Que Dios nos ampare! Lamentablemente, la politica es sucia, no hay nada que esperar de ella, todas las herramientas son buenas para alcanzar su fin!